Posted by on 21 octubre 2018

Fue el mejor corredor vasco de un curso en el que también destacó Pello Bilbao y padeció Mikel Landa, por las caídas, el año de la retirada de Igor Antón.

Omar Fraile viene de la mar, de Santurtzi. De su salitre, del sudor, de la Sotera, la trainera en la que remó cuando era joven antes de dejar las tostas para alcanzar las montañas con el mountain bike. Del mar a la montaña. Del remo al ciclismo. Desde entonces, Fraile siempre señala hacia arriba. Así, apuntando al cielo, Omar Fraile aterrizó en Mende. En el aeródromo francés, en el Tour, ante rivales de altos vuelos, el santurtziarra despegó para alcanzar su triunfo de mayor altura. En su bautismo en la Grande Boucle, Omar Fraile venció una etapa. El laurel se unió a sus victoria de etapa en la Itzulia. Levantó los brazos a lo grande en Eibar. Dejo también su sello en una etapa del Tour de Romandía. En su primera campaña en el Astana, el santurtziarra ha sacado brillo al palmarés con victorias con mucho eco y prestigio. Su rutilante conquista en Mende subraya a un corredor con el olfato entrenado para hacer presa. “Si a Omar se le mete una etapa entre ceja y ceja…”, suele describir Pello Bilbao sobre el potencial de su compañero en el Astana.

El gernikarra es otro ciclista que ha crecido durante la recién finalizada campaña. El Giro de Italia descubrió a un nuevo Pello; más ambicioso, mejor. El vizcaino completó un año muy bueno impulsado por su notable Giro de Italia, que finalizó en sexta posición tras mostrarse muy regular durante toda la ronda transalpina. Antes, en el Tour de los Alpes, Pello Bilbao abrió su palmarés con la victoria en una de las etapas de la montañosa carrera. Después del Giro, el gernikarra estiró su estado de forma y se hizo con una victoria incontestable en el Critérium del Dauphiné, que junto a su sexto puesto en la corsa rosa redondeó un gran año para el gernikarra, al que le gustaría estar en el Tour de 2019.

Ese será el reto de Mikel Landa, séptimo en la pasada edición de la ronda francesa. El de Murgia, que acudía con la idea de intentar el asalto al trono después del cuarto puesto de 2017, entonces se quedó a un segundo del podio de los Campos Elíseos de París, no pudo ofrecer su mejor versión por culpa de la caída que padeció en la etapa de Roubaix. A partir de entonces Landa sufrió muchísimo y aún así accedió a una meritoria séptima plaza. Las caídas le crucificaron el año. Después del Tour, el corredor de Murgia se pegó un golpetazo en la clásica de San Sebastián que le cortó el resto de temporada en seco. Peleó por ir a la Vuelta y al Mundial, pero su cuerpo, muy machacado por una caída que le hizo abandonar el hospital de Donostia con corsé, se lo impidió y cerró el curso lejos de lo deseado a pesar de un inicio esperanzador. Landa se anotó un triunfo en la Tirreno-Adriático y fue segundo en la Itzulia.

Texto y foto: www.deia.eus

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